Pico de la Cruz – Pico de la Nive – LLanos de Aridane

Pico de la Cruz – Pico de la Nive – LLanos de Aridane

Empezaba nuestro segundo día en la Palma, y empezaba con una sonrisa.

Hoy nos levantábamos ya más descansados y creo que los dos habíamos pasado la noche soñando con la ruta del día anterior (Roque de los Muchachos – Puerto de Tazacorte), había sido colosal.

Lo único malo es que pensábamos que ya nada podía superar semejante rutón, ¡cuán equivocados estábamos!, no sabíamos lo que nos esperaba hoy.

Habíamos madrugado más tras acordar adelantar la hora de salida con nuestro taxista Sergio. Queríamos aprovechar a tope los pocos días que teníamos.

(Por lo visto la hora estándar de salida allí son las 10:00, parece que hay poco estrés y eso es una verdadera gozada…  pero teníamos que venir los de la península a estropearlo jajaja, así que le dijimos a Sergio si podíamos estar a las 8:00 en el punto de salida y no hubo ningún problema).

Así que a las 7:00 estábamos en pie, desayuno, bicis a nuestra furgo y camino a los Llanos de Aridane. Paramos en el mismo lugar que el día anterior y allí estaba Sergio esperándonos, solo nos pidió un minuto para tomar un café y mientras tanto nosotros nos pusimos a trasladar las bicis desde nuestra furgo a su taxi.

Al salir del café Sergio me dijo, «creo que tengo algo tuyo» y me hizo entrega de la cámara de fotos que había perdido el día anterior (finalmente no fue un pajarraco quién me la había robado 😂 ), gracias Sergio por tu honradez.

Montamos en el taxi y comenzamos nuestro transfer hasta el punto de origen de la nueva ruta, iba a ser otra hora y media de camino (esta vez por la cara este de la Caldera, llegando desde la zona de Santa Cruz, pero con el mísmo desnivel y número de curvas).

En realidad íbamos a alargar la ruta, Jordi había visto que el GR por el que iríamos partía de más al norte (de hecho era el mismo GR-131 que bordea toda la caldera de Taburiente para luego partir la isla por la mitad y llegar hasta el Faro de Fuencaliente), así que tras consultarlo con Tobi el día anterior, éste nos dijo que si, que aunque lo habitual era comenzar la ruta en el Pico de la Nieve, podíamos hacerlo desde el Pico de la Cruz, eso nos supondría unos 5Km más llaneando/bajando y empujando a veces, aproximadamente una horita más de ruta como mínimo, pero valdría la pena, así que de ese modo lo hicimos.

Sergio, tras una nueva hora y media de transfer nos dejó en un lateral de la carretera junto al inicio del sendero. Nos dio sus sabios consejos y nos despedimos hasta la próxima vez que visitásemos la Isla (ten por seguro que volveremos y te llamaremos a ti, ha sido un placer).

EMPEZAMOS LA RUTA

Para llegar al sendero GR-131  tenemos que ascender por unas escaleras de piedra bastante empinadas, que con la bici al cuello y a más de 2.000m de altitud hacen que me oiga jadear como una wela (madre mía, pues sí que estamos bien).

Una vez superada la escalera llegamos al indicador del sendero donde vemos que solo hay 0,4 Km al Pico de la Cruz y 5,1 al Pico de la nieve tal y como nos habían comentado.

Al poco de comenzar a pedalear por el sendero nos desplazamos unos metros a nuestra derecha para asomarnos a la impresionante Caldera de Taburiente tal y como hicimos el día anterior desde el Roque de los Muchachos, pero esta vez desde un nuevo ángulo… es igual de impresionante.

Vistas de la Caldera desde el sendero

Vistas de la Caldera desde el sendero

Fotos y comenzamos a dar pedales.

Comenzamos superando un fuerte (aunque afortunadamente corto) repechón,  la mitad del cual tenemos que hacer empujando para llegar esos 500m más tarde al Pico de la Cruz.

Toca empujar para llegar al Pico de la Cruz

Toca empujar para llegar al Pico de la Cruz

La verdad es que durante estos primeros 500m voy fundido y resoplando como un jabalí, el desnivel es importante pero lo achaco más a la altura y a que con la edad (me voy haciendo welo) cada vez me cuesta más calentar, pero nada, afortunadamente  tras este primer “diente de sierra (de los muchos que nos quedan por delante hasta el Pico de la Nieve)” viene un llano con bajadita que nos deja recuperar.

Vamos pedaleando por un sendero perfectamente acotado por unas infinitas hileras de piedra (menuda currada, el GR 131, que recorrimos casi en su totalidad a lo largo de las 3 rutas que hicimos durante nuestra estancia en La Palma tiene más de 70 Km y prácticamente está todo así.),

Jordi tiene razón:  «que senderos tan arregladitos…. y no hemos visto ni un solo animalejo» (eso en nuestra zona sería impensable, entre jabalíes, zorros, cabras, y humanos incívicos – estos últimos sobre todo, tener unos senderos así es inconcebible).

La verdad es que es realmente curiosa (desde la ignorancia) la falta de fauna de la Isla, durante toda nuestra estancia no nos cruzamos con ningún bichejo que no fuese, un ave o un lagarto.

Rodeamos un montículo que encontramos tras el Pico de la Cruz (2.353m) y waaw, allí vemos como el sendero que se pierde en el horizonte, acotado perfectamente por dos hileras de piedras, serpenteando paralelo al límite de la Caldera de Taburiente, espectacular.

El sendero desde el Pico de la Cruz al Pico de la Nieve es precioso

El sendero desde el Pico de la Cruz al Pico de la Nieve es precioso

Comenzamos a bajar por el sendero, primero trazando unas curvas muy cerradas que terminan en una curva/recta infinita hacia el SE, como comentábamos, siempre dibujando el límite superior de la Caldera. Es un paisaje precioso, y en algunos momentos es imprescindible detenernos para parar a asomar el hocico al abismo y disfrutar de lo que tenemos delante. Flipante.

A esta altitud el paisaje es árido pero precioso. La montaña está completamente pelada. El camino arenoso queda perfectamente marcado en un marrón más claro que el de la montaña y rodeado únicamente por el retamón (creo que así lo llamó nuestro taxista Sergio), que con su floración cubre grandes zonas de color amarillo intenso, una estampa para no olvidar.

Pedazo de senda

Pedazo de senda

Seguimos pedaleando y tras superar un nuevo repechón llamado Piedra Llana (2.300m), aproximadamente en el Km3 de ruta, aparece frente a nosotros otra escena inolvidable: ante nosotros vemos la Isla de Tenerife, con la inmensa mole que conforma el Teide, como no, rodeado de nubes. Brutal.

Hay momentos en que no sabes distinguir el cielo del mar. Todo el  horizonte es de un azul intenso (la atmósfera esta extremádamente limpia, de hecho La Palma cuenta con uno de los cielos más limpios del planeta) y en ocasiones solo se diferencia el cielo del mar por los mares de nubes que lo parten por la mitad.

Frente a nosotros el Teide y la Gomera

Frente a nosotros el Teide y la Gomera

Empezamos a flipar, la ruta promete (y no es nada comparado con lo que viene por delante). A estas alturas solo sonreímos, ya no queda ni rastro del cansancio ni nos importa a que altura estamos, solo pedaleamos, miramos y disfrutamos. Fotos por aquí, fotos por allá y seguimos avanzando en dirección al Pico de la Nieve.

Un par de kilómetros más tarde nos cruzamos con el sendero que viene desde el parking del Mirador del Lomo del Monte Santo, lugar habitual para comenzar esta ruta, lo que significa que ya hemos hecho el tramo “extra” que habíamos añadido a la ruta planeada.

Vemos el indicador al pico y decidimos subir. Son cuatro pedaladas y dos empujones, así que allí vamos.

De momento me sobresalta una visión “qué demonios hace Jordi ya allí arriba en la cruz que corona el pico, si hace unos segundos estaba detrás de mí”, parpadeo, me froto los ojos, aclaro la vista y caigo en mi error, no es Jordi, es otro Pajarraco 🐦. Un imponente cuervo nos espera posado en la cruz para darnos la bienvenida, ya decía yo que lo notaba más cuerdo y estilizado de lo normal .

"El Pajarraco" me esperaba en el Pico de la Nieve

«El Pajarraco» me esperaba en el Pico de la Nieve

Coñas aparte, llegamos a la cima, sonrisas, fotos, vistas de Tenerife y la Gomera, acuerdo total en que ha valido la pena alargar un poco más la ruta, mini descanso y proseguimos camino.

Pico de la Nieve

Pico de la Nieve

Nos dejamos caer por la pronunciada pendiente que nos ha llevado hasta aquí arriba y retomamos el sendero GR-131 que vira totalmente al Sur.

Aquí la ruta empieza a ser estéticamente brutal, el sendero comienza a tornarse más rápido y empezamos a descender a buena velocidad al tiempo que empiezan a aparecer tramos más técnicos con curvas muy cerradas y todo ello rodeados por un mar de nubes mientras bordeamos la siempre presente crestería de la Caldera de Taburiente: de 10.

Curiosa formación que encontramos en nuestro camino

Curiosa formación que encontramos en nuestro camino

El sendero tiene tramos técnicos con curvas cerradas, algunos escaloncitos, pero es bastante más amable que el de la anterior ruta del Roque de los Muchachos, por lo que, para el nivel de un servidor, se disfruta incluso más.

Esto está siendo apoteósico, y todavía queda mucho, mucho, mucho más y mejor por venir.

Hay algún tramo en el que el camino se estrecha y si miras a tu derecha puedes sentir hasta vértigo, pero caer, aunque sea estrecho, con la mínima precaución es complicado.

Seguimos bajando y disfrutando cuando de repente, en el Km 8,5 de ruta vemos como se levanta un muro ante nosotros. Estamos en La Portada.  El camino se encaja en la ladera de la montaña, dejando un verdadero acantidado a nuestra izquierda y obligándonos a superar unos rampones de aupa. Desde donde estamos me recuerda a un tramo de nuestro querido Benicadell en el que vas colgado de la ladera, pero vitaminado, muy vitaminado.

Toca superar esa pared

La Portada: toca superar esa pared

Toca empujar de lo lindo, así que nos ponemos a ello. Afortunadamente el tramo no es muy largo y unos 500m más tarde hemos coronado la dificultad, jadeando pero impresionados por las vistas. (Si, sé que soy muy pesado con la cantinela de las vistas, pero es que esto es A-CO-JO-NAN-TE.)

Seguimos pedaleando ahora con el acantilado a nuestra izquierda (impresiona pero realmente no es peligroso, el sendero está en buen estado y para caer al vacío tendrías que ser … tan, tan, tan patoso como yo ).

De momento, iniciamos una pequeña y suave bajada y oigo exclamar a Jordi “¡¡¡¡¡¡La P**A que guapo!!!!!!«, (si, un taco con un montón de signos de admiración).

Refugio de la Punta de los Roques

Refugio de la Punta de los Roques

Hemos llegado al Refugio de la Punta de los Roques. La estampa que tenemos delante es algo inigualable. Me llamareis exagerado pero es que realmente es digno de ver: frente a nosotros tenemos un increíble mar de nubes que cubre casi 360º. Entre las espesas nubes aparecen por el Sur como si fuesen islas en medio del mar el Pico Corralejo y el Pico Benejado y al Oeste siempre la omnipresente Caldera.

Mar de nubes en la Punta de los Roques

Mar de nubes en la Punta de los Roques

Brutal. No sé cuánto tiempo pasamos mirando la escena hasta que decidimos acercarnos al refugio y sentarnos a comer el bocadillo.

El refugio está muy bien equipado, cuenta con luz eléctrica proviniente de unas placas solares, agua  recogida de la lluvia mediante un aljibe (en principio no potable o mejor dicho, no tratada), literas, un comedor y dos banquitos espectaculares orientados al Este en los que nos sentamos a disfrutar de “la película” mientras devoramos los bocatas.

Cuando estamos terminando el almuerzo vemos como, en cuestión de minutos, como si de un “timelapse” se tratara,  las nubes comienzan a ganar velocidad, se van tragando esas islas de montaña que vimos al principio y se aproximan a nosotros con intención de hacer lo mismo, y vaya si lo consiguieron.

Punta de los Roques

Punta de los Roques

Entre la niebla abandonamos el refugio bajando por el mismo GR por un corto tramo lleno de zig-zags que nos lleva a una parte del sendero que durante el próximo kilómetro, en un constante sube baja con algún pequeño empujón, nos deja en el Pico Corralejo a 2.045m. Aquí cambia el paisaje y comienz a aparecer el bonito bosque de pino canario.

Ahora vienen 8 Kilómetros de bajada que son un auténtico escándalo, especialmente los 5 primeros desde El Pico Corralejo a El Pico de las Ovejas.

Llegados a El Pico Corralejo empieza la bajada más bonita que hemos hecho en toda nuestra vida.

El sendero gana pendiente y nosotros velocidad con él. Constantemente van apareciendo curvas como si alguien las hubiese colocado allí habiéndolas diseñado a conciencia para encontrar el equilibro perfecto entre velocidad, diversión y el toque adecuado de dificultad técnica. Es una auténtica gozada. No te aburres ni un minuto, no hay rectas monótonas pero tampoco curvas extremadamente cerradas ni obstáculos insalvables que te obliguen a detenerte.

Solo os diré que al volver a casa busqué en la Wikipedia “Flow” y apareció una foto de ese sendero 🤓.

Van pasando los kilómetros y el ritmo y la diversión no decaen, es brutal, de momento veo a Jordi levantar un brazo y gritar de alegría, lo está disfrutando a morir, nunca lo había visto así y estamos hablando de un tipo que ha recorrido sendas y rutas de todas las clases y colores y en infinidad de lugares…  buah!, flipante.

Seguimos bajando y bajando, creo que nunca me lo había pasado tan bien sobre la bici, creo que me voy engorilando, esto te empuja sin que te des cuenta y cada vez vas más rápido, fiuuuuuuuuu….

Bajada super-divertida desde El Pico Corralejo al El Pico de las Ovejas

Bajada super-divertida desde El Pico Corralejo al El Pico de las Ovejas

Siguen los kilómetros, Jordi vuelve a gritar de euforia, yo me descubro a mí mismo riendo como un loco…. (¿seguro que el agua del refugio se podía beber? ☠).

La verdad es que es una auténtica gozada. El último tramo se torna un poquito más técnico y aparecen algunos escaloncetes y raíces que lo hacen incluso más interesante, seguimos disfrutando y por fin acaba este tramo de ruta en el Pico de las Ovejas. ¡Ha sido una verdadera chulada!.

Lo siento no hay fotos, ninguno de los dos estabamos dispuestos a hacer un «coitus interruptus» así que os invitamos a ver la bajada en el vídeo que tenéis más abajo (a partir del min 6).

Bueno en realidad este sector termina aquí porque en el track que teníamos planeado así lo decidimos. Optamos por abandonar la senda y dejarnos caer por nuestra derecha hacia la Ermita de la Virgen del Pino porque el sendero parece continuar hacia el infinito, pero haciéndolo así finalizar la ruta en el coche y evitar contratar otro transfer (sobre la cartografía parece que hay como 6 o 7 Km más de senda hasta el Refugio del Pilar, así que de nuevo, tenemos excusa para volver a esta maravillosa isla.).

Como teníamos planeado abandonamos “LA SENDA” (si, en mayúsculas, «LA SENDA») y lejos de haber acabado la diversión vemos que continúa. Ahora el firme es totalmente diferente y tras un tramo más complicadillo de sendero por “tierra” en el que tenemos que bajar de la bici,  llegamos a una zona empedrada con una pendiente y unas curvas de aupa.

Disfrutando del sendero

Disfrutando del sendero

Va a ser mas de 1 Km de sendero mega-retorcido con un empedrado duro de verdad. Vamos superando las curvas (en parte me recuerda al increíble sendero del Camino del Time del día anterior, pero sin acantilado ni mar), alguna descabalgando por lo cerrado de las mismas para luego pasar a un tramo también empedrado pero más rápido y con curvas menos cerradas, es una gozada, diferente a lo anterior pero también espectacular.

Veo que Jordi para en una curva y al llegar me dice “tío, una pausa, tengo los brazos molidos”. La verdad es que la senda empedrada es dura y te machaca los brazos y piernas sin piedad pero creo que me está molando tanto que no siento ni el cansancio jajajajaa.

Hay algunas partes más técnicas en la bajada

Hay algunas partes más técnicas en la bajada

De nuevo seguimos bajando y trazando curvas hasta que por fin la senda desemboca en una suerte de pista de esquí de pinocha (realmente allí abajo en algún lugar debe haber un camino o carreterita, pero mires donde mires está todo cubierto de hojas de pino).

Así que bajen ustedes por donde quieran, el tobobán es bien ancho. Solo nos queda dejarnos caer hasta la Ermita de la Virgen del Pino y desde allí por carretera volver a los Llanos de Aridane (pasando antes por El Paso), devolver nuestras bicis, montar en la furgo y regresar a nuestro apartamento para sentarnos, tomar una cerveza y tranquilamente reflexionar sobre si esa ruta que acabamos de hacer ha sido de verdad o la hemos soñado.

Ermita de la Virgen del Pino

Ermita de la Virgen del Pino

Un buen rato después, ya sentados en la terraza de nuestro apartamento, duchados,  con la cervecita en la mano y unos cacahuetes en la mesa, nos miramos, sonreímos y decidimos que esto, en efecto, había sido de real y que posiblemente esta ruta había sido y sería la de lo mejor que habíamos hecho en nuestra vida biker.

Mañana sería un día de senderismo, teníamos la idea de «descansar las piernas» 😂😂😂😂 (¿verdad pajarraco?).

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VÍDEO DE LA RUTA

FOTOS DE LA RUTA

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